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"Se
me pregunta muchas veces sobre mi método psicoterapéutico
o analítico. No puedo dar sobre esta cuestión
una respuesta terminante. La terapéutica es en cada
caso distinta. Si un médico me dice que "sigue" estrictamente
tal o cual "método", dudo del efecto terapéutico.
(...) La psicoterapia y los análisis son tan distintos
como los mismos individuos."
Carl
G. Jung
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Desde
la muerte de Jung en el año 1961, se ha producido en el
campo de la psicología analítica un continuo movimiento
y expansión llevado a cabo por sus principales representantes,
los que fueron enfatizando y desarrollando algunos de los conceptos
específicos del pensamiento junguiano, al mismo tiempo
que los integraban a los recientes desarrollos de otras corrientes
psicológicas, como la psicoanalítica, o incluso
producían nuevos y creativos enfoques teóricos que
ampliaban de un modo novedoso y original las tradicionales premisas
teóricas y clínicas de la psicología profunda
de Jung.
No fue sin embargo hasta el año 1985, en el que Andrew
Samuels intentó sistematizar y ordenar los principios y
postulados de las líneas teóricas emergentes,
denominando a los profesionales integrantes de estas nuevas escuelas
con el nombre de "posjunguianos". Samuels dice que el
campo posjunguiano se caracteriza más por los debates y
las discusiones que por el conjunto nuclear de ideas comunes aceptadas.
Según la propia definición de Samuels, "Un
posjunguiano es alguien que puede conectarse a, interesarse por,
estimularse con y participar de los debates posjunguianos,
sea sobre la base del interés clínico, la investigación
intelectual, o una combinación de ambos."
Entre las
décadas de los 50' y de los 60', era aceptado que en psicología
analítica existían dos escuelas: la "escuela
de Londres" y la "escuela de Zurich", reconociéndose
que la orientación de la primera era principalmente "clínica",
mientras que la de la segunda era fundamentalmente "simbólica".
Durante los años 70', sin embargo, se produjeron dos situaciones
que modificaron esta tradicional división: por un lado,
el creciente número mundial de profesionales egresados
de la escuela de Zurich hizo que ésta se convirtiera en
el centro del movimiento internacional de analistas, al mismo
tiempo que se reconocían y aceptaban cada vez más
los lineamientos y postulados de la escuela de Londres.
Este hecho relativizó la supuesta mutua exclusión
de los términos "clínico" y "simbólico",
que definían el campo junguiano hasta ese momento. Por
otro lado, el surgimiento a principios de los 70' de un tercer
grupo de analistas fundadores de la así llamada "psicología
arquetipal" y dirigidos por James Hillman, terminó
por dar lugar a una nueva situación dentro del campo junguiano,
el que desde entonces quedo dividido en tres escuelas llamadas:
"escuela clásica", "escuela evolutiva"
y "escuela arquetipal". La escuela clásica
incluye a lo que tradicionalmente solía ser la escuela
de "Zurich", mientras que la evolutiva comprende lo
que solía ser la escuela de "Londres".
Si bien es cierto que cada una de estas escuelas ha evolucionado
hasta presentar diferencias manifiestas, Samuels destaca que:
"no debe olvidarse que todas ellas tienen un fondo común
de conceptos teóricos y prácticas clínicas,
y que cada una de las tres escuelas se nutre de dicho fondo común,
pero privilegiando y subrayando algunos elementos más que
otros".
La escuela clásica, en general, conserva
en su trabajo las bases teóricas y prácticas de
la metodología originalmente introducida por Jung, lo cual
no significa que no guarde espacio para el crecimiento y la evolución.
La escuela evolutiva se ha ido vinculando a aspectos
y postulados del psicoanálisis contemporáneo, principalmente
a los de la escuela inglesa, enfatizando la importancia de las
experiencias tempranas y de los fenómenos de la transferencia
y la contratransferencia durante el análisis.
La escuela arquetipal pone el acento en el concepto
fundamental de "arquetipo", partiendo del mismo para
abordar de un modo específico y original toda la vasta
fenomenología de las experiencias imaginales, tanto las
oníricas como aquellas vinculadas a la fantasía.
Según Andrew Samuels existen seis principios, los cuales,
en conjunto, constituyen el campo de la psicología analítica
posjunguiana.
Los tres primeros son teóricos: 1) el arquetipo;
2) el sí-mismo; 3) el desarrollo de la personalidad desde
la infancia a la vejez.
Los otros tres, provienen de la práctica clínica,
y son: 1) el análisis de la transferencia y la contratransferencia;
2) las vivencias simbólicas del sí-mismo en el análisis;
y 3) la elaboración de la imaginería diferenciada
tal y como se presenta.
El ordenamiento que cada una de las escuelas hace de estos principios,
sería el siguiente:
En lo que respecta a la teoría, la escuela
clásica establece este orden:
a) el sí-mismo
b) el arquetipo
c) el desarrollo de la personalidad.
En cuanto a la práctica clínica:
a) vivencias simbólicas del sí-mismo
b) elaboración de la imaginería
c) análisis de la transferencia y contratransferencia
Para la escuela evolutiva, la escala teórica
sería la siguiente:
a) desarrollo de la personalidad
b) el sí-mismo
c) arquetipo
El orden desde el punto de vista clínico sería:
a) análisis de la transferencia y contratransferencia
b) vivencias simbólicas del sí-mismo
c) elaboración de la imaginería
Para la escuela arquetipal la prioridad teórica
sería:
a) el arquetipo
b) sí-mísmo
c) el desarrollo de la personalidad
Y en cuanto al contexto clínico:
a) la elaboración de la imaginería,
b) las vivencias simbólicas del sí-mismo
c) análisis de la transferencia y contratransferencia.
Las características más relevantes de cada una de
las escuelas son las siguientes:
La escuela junguiana clásica:
La mayoría de los representantes de la escuela clásica
realizaron su formación en el Instituto C.G. Jung de Zurich,
y muchos de ellos estaban o habían estado en análisis
con el propio Jung, por lo que sus hallazgos y reflexiones
les eran transmitidos directamente por él. David Hart,
representante de esta escuela, define un análisis junguiano
clásico como un "continuo descubrimiento mutuo
que proporciona consciencia a la vida inconsciente, liberando
progresivamente al individuo de la compulsión y la falta
de sentido. El enfoque clásico – agrega Hart - se
basa en un espíritu de diálogo, tanto entre consciente
e inconsciente, como entre los dos participantes en el proceso
analítico".
Cabe destacar que según esta línea teórica,
el "yo consciente" resulta absolutamente necesario en
este proceso, a diferencia de lo que sostiene la escuela arquetipal,
para la cual el "yo" es solo una más de las muchas
entidades arquetípicas autónomas. A su vez,
la escuela clásica se diferencia de la escuela evolutiva,
ya que no define el desarrollo en función de la edad
o de las etapas psicológicas, sino a través del
logro individual del sí-mismo consciente del sujeto que
experimenta el análisis.
Los conocidos conceptos, tales como: arquetipo, mundo interno,
individuación, símbolo, sueños, sí-mismo,
totalidad, ánima y ánimus, sombra, complejos, realidad
simbólica, conflicto entre opuestos, psique, compensación,
inconsciente colectivo, etc., constituyen las bases teóricas
y prácticas de esta disciplina.
Particularmente importante resulta el énfasis que esta
escuela pone en el desarrollo del sujeto adulto, principalmente
en el transcurso de esa etapa que Jung define como "la segunda
mitad de la vida", en la que, generalmente bajo la forma
de una profunda crisis espiritual, la persona es "impulsada"
desde lo más profundo de su naturaleza interior, por mediación
y fuerza del arquetipo del sí-mismo, a realizar el camino
de su propia individuación, de sus potencialidades de
totalidad y sentido.
La escuela evolutiva:
La psicología analítica desarrollada por Jung y
sus colaboradores no se ocupó plenamente de los aspectos
psicológicos profundos de la infancia, ni del desarrollo
infantil, como tampoco dedicó una gran atención
a la utilidad de una correcta comprensión de las diversas
formas de relación que pueden desarrollarse en la consulta
entre el paciente y el analista. Freud y sus seguidores,
en cambio, intentaban unificar ambas áreas de investigación,
relacionando las etapas evolutivas y los estados mentales tempranos
con la naturaleza de la transferencia y la contratransferencia,
incluyéndolas en la teoría psicoanalítica.
Jung , por su parte, mostró mayor interés en el
campo de la actividad creativa y simbólica, y en la estructura
de los contenidos colectivos de la psique, dedicando una parte
importante de su investigación psicológica a la
segunda mitad de la vida, siendo ésta la etapa del desarrollo
humano en la que estos aspectos tenían mayores posibilidades
de manifestarse.
En Londres, había un grupo de psicoanalistas entre los
que se encontraban Melanie Klein, Wilfred Bion, Donald Winnicott
y John Bowlby, que lograron importantísimos hallazgos
en el área del desarrollo mental infantil temprano, y en
sus relaciones con la vida psíquica del adulto, los que
llevarían a una revisión de la teoría psicoanalítica
básica.
Publicaron sus principales trabajos entre los años 40-60’
y se convirtieron en las más destacadas figuras de la "escuela
de relaciones objetales" que se formó dentro de la
Sociedad Británica de Psicoanálisis y que siguió
su propia evolución desde entonces.
Al mismo tiempo, también en Londres, el Dr. Michael Fordham
y sus colegas se formaron como analistas junguianos y fundaron
la Sociedad de Psicología Analítica. Ellos siguieron
con gran interés los nuevos descubrimientos psicoanalíticos
y comenzaron a llevar a cabo investigaciones para elaborar una
teoría coherente del desarrollo infantil con la tradición
junguiana, mientras que intentaban incorporar los nuevos y relevantes
hallazgos psicoanalíticas, en particular los relativos
al desarrollo temprano y a la transferencia y contratransferencia,
y a su utilidad en la clínica.
Algunos analistas junguianos consideraron que la visión
kleiniana era la más adecuada de las aproximaciones psicoanalíticas
a la vida mental temprana.
La importancia que tuvo para la teoría de Fordham el trabajo
de Klein, Winnicott, Bion y otros, especialmente acerca de las
relaciones objetales tempranas y las patologías del sí-mismo,
permitió introducir el conjunto de la experiencia acumulada
en el campo del desarrollo infantil dentro del marco de la investigación
psicológica junguiana.
A partir de las conclusiones que obtuvo de su propio trabajo clínico,
Fordham logró demostrar que el concepto del "sí-mismo",
tal como fue descrito originalmente por Jung, podía ser
reformulado para integrarlo dentro de la dinámica del desarrollo
infantil, a través de la propuesta de la existencia de
un "sí-mismo" primario o integrado, original.
Este "self" primario integrado constituye la unidad
psicosomática original del niño, otorgándole
una identidad única. Mediante una serie de
interacciones con el entorno, iniciadas tanto desde adentro como
desde afuera, a las que Fordham llama "de-integraciones",
el sujeto gradualmente va desarrollando un conjunto de experiencias
que en sucesivas "re-integraciones" se van acumulando
a lo largo del tiempo para dar lugar al sí-mismo único
y particular de ese individuo. Así, entonces, el
proceso de individuación se realiza a través de
las adaptaciones dinámicas que el self lleva a cabo mediante
sus propias actividades internas en el espacio comprendido en
el contexto de su entorno.
Fordham, a través de su modelo, describe el proceso
a través del cual el sí-mismo se de-integra o divide
en forma espontánea. Cada una de las partes se activa
o es activada al entrar en contacto e interaccionar con el entorno,
y en el momento adecuado reintegra la experiencia vivida a través
del sueño, la reflexión y las demás formas
de asimilación mental para poder llevar a cabo su desarrollo
y crecimiento. Esta forma de intercambios, que en los primeros
días tiene lugar principalmente entre el niño y
su madre, al igual que con los "otros" que resultan
significativos, es el que permite el desarrollo progresivo del
"yo", ya que el "yo" es el "de-integrado"
más importante del sí-mismo. Fordham nos permite
comprender que el desarrollo infantil posee contenido físico,
mental y emocional, y que el self se halla activamente comprometido
en el proceso de su propia estructuración y formación,
al igual que con la realización de su propio potencial
en el tiempo, mientras que simultáneamente se adapta a
lo que el entorno le ofrece tanto cualitativamente como
cuantitativamente bajo la forma de "experiencia".
Fordham logró integrar los conceptos fundamentales de Jung
sobre el self y la naturaleza y función prospectiva
de la psique, con las concepciones acerca del desarrollo psíquico
y somático temprano.
La escuela arquetipal:
La "psicología arquetipal" fue creada por James
Hillman y un grupo de junguianos de Zurich a principios
de la década de los 70’. Nace como una reacción
ante lo que estos analistas consideraban en la teoría junguiana
como "presupuestos metafísicos sin justificación",
y una "aplicación complaciente y mecánica de
los principios junguianos".
La escuela arquetipal rechaza el término "arquetipo",
pero conserva el adjetivo "arquetípico".
Hillman afirma que resulta insostenible la distinción entre
"arquetipos" e "imágenes arquetípicas",
dado que sostiene que a nivel psíquico solo es posible
hallar imágenes. La postura de Hillman es esencialmente
fenomenológica, llegando a relativizar la dimensión
hermenéutica en los trabajos con la imaginación.
Según afirma Hillman, lo "arquetípico"
no es una "categoría", sino sencillamente una
consideración, una determinada perspectiva que puede ser
aplicada a cualquier imagen. Hillman no acepta ni propone la existencia
metafísica de arquetipos con carácter previo a las
imágenes. Para quienes adhieren a esta línea
de pensamiento, cualquier imagen, inclusive aquellas que son consideradas
triviales, pueden ser denominadas y aceptadas como "arquetípicas".
Hillman utiliza el término "revisionar" como
un concepto central de su práctica, entendiéndose
por "revisionar" el "desliteralizar" o "metaforizar"
la realidad. Según afirma, el objetivo del análisis
no es hacer consciente lo inconsciente, sino metaforizar
lo literal, transformar lo real en "imaginal",
lograr que los individuos puedan percibir y darse cuenta que "la
imaginación es realidad", y que toda imagen posee
implicaciones potenciales profundamente metafóricas.
La expresión "psicología imaginal" es
utilizada como sinónimo de "psicología arquetipal".
Para Hillman, lo "imaginal" es tan real como cualquier
realidad externa, lo que tiene su fundamento teórico en
el hecho de que cualquier fenómeno, ya sea perteneciente
al mundo externo o interno, adquiere su "realidad" sólo
después de constituirse y representarse a nivel psíquico.
Esta postura es concordante con la adoptada por Jung para la práctica
de la imaginación activa. Para imaginar "activamente",
el individuo debe poder contemplar las imágenes psíquicas
emergentes como si fueran autónomas y poseyeran una dimensión
ontológica equivalente a la de la "realidad"
externa. Hillman utiliza y aplica este método a todas
las imágenes, no sólo a aquellas que surgen y aparecen
durante la práctica de la técnica de la imaginación
activa. La premisa fundamental de la psicología imaginal
es "atenerse a la imagen", centrarse y trabajar con
la imagen y desde la imagen, dejando de lado todas aquellas complejas
interpretaciones e implicaciones hermenéuticas acerca de
la misma.
Para Freud, la imagen o la representación no es lo que
manifiestamente aparenta ser, sino que es la faceta "visible"
de algo que permanece en estado latente. En cambio, tanto
para Jung como para Hillman, la imagen es exactamente lo que parece
ser, y nada más. Para poder expresarse, la psique
selecciona de un variado repertorio de imágenes disponibles
aquella que resulta especialmente adecuada a los fines de un propósito
metafórico específico. En la praxis de la
psicología imaginal, la técnica utilizada implica
la proliferación de imágenes, el atenerse estrictamente
a este fenómeno, y la especificación de cualidades
descriptivas y metáforicas implícitas. La metodología
logra una evocación progresiva de imágenes, comprometiendo
al sujeto en la atención cuidadosa de estos fenómenos
a medida que van surgiendo, con el fin de lograr descripciones
cualitativas y una posterior elaboración de las implicaciones
metafóricas.
Hillman también considera que uno de los principales objetivos
del análisis es poder lograr la relativización del
yo por medio de la imaginación. La imaginación permite
relativizar al yo, descentrarlo, logra demostrar que el yo, en
última instancia, también es una imagen, y
ni siquiera la más importante, sino tan sólo una
más entre muchas otras de igual importancia.
Podemos decir entonces que Hillman no es un hermeneuta sino un
fenomenólogo, que prioriza el fenómeno ateniéndose
a la imagen, negándose a su interpretación o a su
reducción a la mera categoría del concepto, ya que
sostiene que toda hermenéutica lleva consigo el ineludible
riesgo del reduccionismo. Así, Hillman afirma al
respecto: "Si para los freudianos los objetos alargados son
penes, para los junguianos los objetos oscuros son sombras".
Es evidente que toda adhesión dogmática al reducido
espacio de una teoría o epistemología particular,
no puede sino derivar en las distorsiones que son propias de la
generalización y la cercenación de los distintos
aspectos de la realidad.
La psicología imaginal otorga un especial valor a la particularidad
de las imágenes sobre la generalidad de cualquier concepto.
Cada imagen posee una dimensión en la que las cualidades
descriptivas que presenta son de tal grado de diversidad que resultan
potencialmente infinitas, al igual que lo son sus potencialidades
metafóricas. Hillman afirma que "las imágenes
y la fantasía se encuentran en el nivel básico de
la realidad. Estas imágenes constituyen la actividad
primaria de la consciencia. Las imágenes constituyen la
única realidad que aprehendemos directamente".
A pesar de
las divergencias que encontramos entre sus respectivos enfoques,
existe un sólido espíritu de colaboración
e integración entre las distintas escuelas posjunguianas,
como así también del conjunto de ellas con respecto
a otros lineamientos teóricos y prácticos de otras
corrientes terapéuticas. Tal vez la siguiente frase de
Hester Solomon sea el más claro ejemplo para graficarlo:
"Resulta de hecho irónico que las grandes tradiciones
freudiana y junguiana se separaran por motivos históricos,
filosofías personales y políticas profesionales.
Considerado como una totalidad, el movimiento de la tradición
analítica en su conjunto, abarcando a ambos, psicoanálisis
y psicología analítica, podría ofrecer, a
pesar de las diferencias reales que pudieran existir, un terreno
más amplio y potencialmente más creativo para el
surgimiento de desarrollos enriquecedores en el extenso campo
de la psicología profunda en general, y de los contenidos
y procesos del sí-mismo en particular."
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