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"Curso sobre la interpretación de los sueños"

Aportes a la interpretación de los sueños de Carl Jung
 
(Extractos de una conferencia presentada en la Universidad John F. Kennedy, Buenos Aires, Agosto de 2000)

“Recursos simbólicos oníricos en el proceso de individuación”

 Autor: Dr. Daniel Wilhelm

 

         La dimensión onírica, al igual que la imaginal, constituye un escenario único que posibilita al Ego (1) a través de sus respectivas facetas, el ego onírico y el ego imaginal, disponer de un espacio de experiencia e interacción con contenidos inconscientes que le permiten confrontar y asimilar dinamismos psicológicos profundos, facilitando así el curso de su individuación.

         El sueño es, ante la mirada del ego, un enigma indescifrable, un territorio confuso y extraño, en el que el soñante si bien se reconoce a sí mismo como protagonista, suele sorprenderse de los lugares, objetos, personajes y situaciones, como así también de sus propios pensamientos, sentimientos y acciones. A pesar de todos sus logros tecnológicos, el hombre moderno no parece estar del todo exento de los desafíos que de modo simbólico y metafórico se describen en los antiguos mitos y leyendas. En sus sueños, como en su vida real, suele enfrentarse a pruebas y situaciones en las que se exige de él una actitud distinta y trascendente, marcando con ello la posibilidad de dar un paso fundamental en el camino de su individuación, o en caso contrario, permanecer en el estancamiento de su situación actual, caracterizada por un incesante e infructuoso intento de liberación de su ciclo inalterado de repeticiones, prisionero en su propia rueda del "samsara". Es aquí donde desde algún lugar de lo más profundo de sí mismo, el símbolo onírico se presenta como un recurso psíquico que posibilita una oportunidad de trascendencia y libertad. El símbolo onírico constituye, así, un importante elemento de cambio y transformación.

         Lejos de ser un acontecimiento intrapsíquico neutro, la evolución y el desenlace de la estructura dramática que tiene lugar durante el sueño y la imaginación activa, ambos determinados en gran parte por la actitud que adopta el ego frente a las imágenes y símbolos del inconsciente, constituyen un factor determinante para el desarrollo de la personalidad (ver artículo online). De este modo, el espacio onírico y el espacio imaginal ofrecen una escenografía única, en la que el ego del soñante, a través del establecimiento de nuevas relaciones simbólicas, avanza en el camino de su individuación.

         El sueño se presenta entonces, a veces, no sólo como un punto de inicio a partir del cual por una inagotable y siempre creciente posibilidad de amplificaciones se hace posible develar aspectos inconscientes significativos, sino también como el producto final de un proceso simbólico profundo, en el que se le ofrece al soñante la oportunidad de abrir el umbral de nuevas posibilidades de desarrollo en su vida de vigilia.

         Como es sabido, el ego es el complejo central en el campo de la consciencia. "Como aspecto consciente de la personalidad, -dice Jung- el ego sólo conoce sus propios contenidos, no el inconsciente y sus contenidos." El descubrimiento por parte del ego de no ser el centro de la totalidad psíquica, como así tampoco de ser una forma completa y acabada, constituye uno de los más grandes desafíos por los que debe atravesar el ego en individuación, correspondiendo éstas y otras situaciones a una importante fuente de metáforas de muerte y resurrección.

         La actitud y el resultado de las acciones o inacciones del ego onírico durante el transcurso dramático del sueño, afecta a la forma en que se organizan los complejos en la psique, lo que produce cambios que son heredados por el ego en vigilia, generalmente manifiestos como pequeñas y sutiles modificaciones en las reacciones emocionales o en otros aspectos de la conducta. El desarrollo dramático del sueño, al igual que el de la imaginación activa, tiene así efectos y consecuencias sobre la vida en vigilia.

         Salvando las diferencias que encontramos en la teoría psicoanalítica en cuanto al origen, sentido y significado de los sueños, lo importante a destacar es que también Freud reconoce en los sueños un dinamismo que compromete a los aspectos yoicos de la personalidad, y lo que es aun más importante, la presencia de mecanismos identificatorios entre el Yo y los distintos contenidos y representaciones oníricas.

         Con respecto al lugar del Yo en el sueño, Jung dice que mientras se sueña la consciencia no desaparece totalmente, sino que existe aún algo de ella representada por el "yo onírico" o "ego onírico" (Traum Ich / Dream Ego). "Como el dormir rara vez transcurre completamente sin sueños, -dice Jung- también se puede suponer que el complejo del Yo rara vez cesa del todo como actividad... Los contenidos psíquicos del sueño -agrega Jung- aparecen al Yo como los hechos de la vigilia; por eso las más de las veces en sueños nos encontramos en situaciones similares a las de la vida real, pero rara vez ejercemos nuestro pensamiento o razón respecto de ellas".

         Ernest Rossi, discípulo del famoso hipnoterapeuta Milton Erickson y analista junguiano del Instituto C.G. Jung de los Angeles, sostiene que la experiencia onírica constituye, en muchas ocasiones, una base para la creación de nuevas facetas de la personalidad. Con respecto a ello nos dice: "El soñador se encuentra a sí mismo saliendo de antiguos roles y patrones de hábitos, experimentando con ello fuertes sensaciones". Pareciera ser entonces, que los hechos que acontecen durante el sueño (y los estados imaginales en general) pueden dejar en el psiquismo una impronta similar a la que dejaría una experiencia real del mundo exterior. Cabe agregar a esto que, tal como sostiene Jung, en realidad cualquier experiencia real o cualquier percepción proveniente del mundo exterior a través de nuestros sentidos, se convierte en última instancia en un suceso psíquico. Este hecho en apariencia simple, es el que establece en definitiva los principios de aquello que, desde el punto de vista psicológico, entendemos como la subjetividad de la experiencia.

         El ego y el inconsciente pertenecen a mundos separados, opuestos. Bajo la clara luz del día, el reino del ego se erige sobre el territorio de la consciencia; el inconsciente en cambio, pertenece al reino de las profundidades, de la noche. Ambos mundos, sin embargo, se intercomunican en una sutil frontera, una difusa zona común conocida a veces con el nombre de "estados intermedios" y representada, desde la más remota antigüedad, mediante una gran variedad símbolos e imágenes metafóricas, tal como los círculos y espacios mágicos y sagrados, las zonas crepusculares, los estados del Bardo, los templos de iniciación, los espacios mitológicos y la geografía heroica, los "otros mundos" y "dimensiones", los "umbrales" y "puertas", etc. A estos estados intermedios, estados de "consciencia modificada", también pertenecen naturalmente los estados imaginales, los estados de trance hipnótico y la dimensión onírica.

         En algún lugar, como mencionamos al principio, el sueño sigue siendo hoy, ante la clara mirada de la consciencia, un territorio enigmático y extraño. Pero también constituye una vía de acceso a los niveles más profundos del ser, una fuente inagotable de símbolos e imágenes que le ofrecen al ego del soñante la posibilidad de saber quien fue, quien es, y quien puede llegar a ser.

 

(1) Término utilizado en la lengua inglesa para hacer referencia al concepto psicológico del "Yo", equivalente al "Ich" del idioma alemán, originalmente utilizado por Sigmund Freud y Carl Jung

 

 

   
 

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