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(Extractos
de una ponencia presentada en las "V° Jornadas de la Asociación
de Formación e Investigación en Psicología Analítica", Agosto
de 2000, Bs.As.)
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La dimensión
onírica al igual que la imaginal, constituye un escenario único
que posibilita al ego (1) a través de sus
respectivas facetas, el ego onírico y el ego imaginal,
disponer de un espacio de experiencia e interacción con contenidos
inconscientes que le permiten confrontar y asimilar dinamismos
psicológicos profundos, facilitando así el curso de su individuación.
El sueño es,
ante la mirada del ego, un enigma indescifrable, un territorio
confuso y extraño, en el que el soñante si bien se reconoce a
sí mismo como protagonista, suele sorprenderse de los lugares,
objetos, personajes y situaciones, como así también de sus propios
pensamientos, sentimientos y acciones. A pesar de todos sus logros
tecnológicos, el hombre moderno no parece estar del todo exento
de los desafíos que de modo simbólico y metafórico se describen
en los antiguos mitos y leyendas. En sus sueños, como en su vida
real, suele enfrentarse a pruebas y situaciones en las que se
exige de él una actitud distinta y trascendente, marcando con
ello la posibilidad de dar un paso fundamental en el camino de
su individuación, o en caso contrario, permanecer en el estancamiento
de su situación actual, caracterizada por un incesante e infructuoso
intento de liberación de su ciclo inalterado de repeticiones,
prisionero en su propia rueda del samsara. Es aquí donde desde
algún lugar de lo más profundo de sí mismo, el símbolo onírico
se presenta como un recurso psíquico que posibilita una oportunidad
de trascendencia y libertad. El símbolo onírico constituye así
un importante elemento de cambio y transformación.
Lejos de ser
un acontecimiento intrapsíquico neutro, la evolución y el desenlace
de la estructura dramática que tiene lugar durante el sueño y
la imaginación activa, ambos determinados en gran parte por la
actitud que adopta el ego frente a las imágenes y símbolos del
inconsciente, constituyen un factor determinante para el desarrollo
de la personalidad. De este modo, el espacio onírico y el espacio
imaginal ofrecen una escenografía única, en la que el ego del
soñante, a través del establecimiento de nuevas relaciones simbólicas,
avanza en el camino de su individuación.
El sueño se
presenta entonces, a veces, no sólo como un punto de inicio a
partir del cual por una inagotable y siempre creciente posibilidad
de amplificaciones se hace posible develar aspectos inconscientes
significativos, sino también como el producto final de
un proceso simbólico profundo, en el que se le ofrece al soñante
la oportunidad de abrir el umbral de nuevas posibilidades de desarrollo
en su vida de vigilia.
Como es sabido,
el ego es el complejo central en el campo de la consciencia. "Como
aspecto consciente de la personalidad, -dice Jung- el ego sólo
conoce sus propios contenidos, no el inconsciente y sus contenidos."
El descubrimiento por parte del ego de no ser el centro de la
totalidad psíquica, como así tampoco de ser una forma completa
y acabada, constituye uno de los más grandes desafíos por los
que debe atravesar el ego en individuación, correspondiendo éstas
y otras situaciones a una importante fuente de metáforas de muerte
y resurrección.
La actitud
y el resultado de las acciones o inacciones del ego onírico durante
el transcurso dramático del sueño, afecta a la forma en que se
organizan los complejos en la psique, lo que produce cambios que
son heredados por el ego en vigilia, generalmente manifiestos
como pequeñas y sutiles modificaciones en las reacciones emocionales
o en otros aspectos de la conducta. El desarrollo dramático del
sueño, al igual que el de la imaginación activa, tiene así efectos
y consecuencias sobre la vida en vigilia.
Salvando las
diferencias que encontramos en la teoría psicoanalítica en cuanto
al origen, sentido y significado de los sueños, lo importante
a destacar es que también Freud reconoce en los sueños un dinamismo
que compromete a los aspectos yoicos de la personalidad, y lo
que es aun más importante, la presencia de mecanismos identificatorios
entre el Yo y los distintos contenidos y representaciones oníricas.
Con respecto
al lugar del Yo en el sueño, Jung dice que mientras se sueña la
consciencia no desaparece totalmente, sino que existe aún algo
de ella representada por el "yo onírico" o "ego onírico" (Traum
Ich / Dream Ego). "Como el dormir rara vez transcurre completamente
sin sueños, -dice Jung- también se puede suponer que el complejo
del Yo rara vez cesa del todo como actividad... Los contenidos
psíquicos del sueño -agrega Jung- aparecen al Yo como los hechos
de la vigilia; por eso las más de las veces en sueños nos encontramos
en situaciones similares a las de la vida real, pero rara vez
ejercemos nuestro pensamiento o razón respecto de ellas".
Ernest Rossi,
discípulo del famoso hipnoterapeuta Milton Erickson y analista
junguiano del Instituto C.G. Jung de los Angeles, sostiene que
la experiencia onírica constituye, en muchas ocasiones, una base
para la creación de nuevas facetas de la personalidad. Con respecto
a ello nos dice: "El soñador se encuentra a sí mismo saliendo
de antiguos roles y patrones de hábitos, experimentando con ello
fuertes sensaciones". Pareciera ser entonces, que los hechos que
acontecen durante el sueño (y los estados imaginales en general)
pueden dejar en el psiquismo una impronta similar a la que dejaría
una experiencia real del mundo exterior. Cabe agregar a esto que,
tal como sostiene Jung, en realidad cualquier experiencia real
o cualquier percepción proveniente del mundo exterior a través
de nuestros sentidos, se convierte en última instancia en un suceso
psíquico. Este hecho en apariencia simple, es el que establece
en definitiva los principios de aquello que, desde el punto de
vista psicológico, entendemos como la subjetividad de la
experiencia.
El ego y el
inconsciente pertenecen a mundos separados, opuestos. Bajo la
clara luz del día, el reino del ego se erige sobre el territorio
de la consciencia; el inconsciente en cambio, pertenece al reino
de las profundidades, de la noche. Ambos mundos, sin embargo,
se intercomunican en una sutil frontera, una difusa zona común
conocida a veces con el nombre de "estados intermedios"
y representada, desde la más remota antigüedad, mediante una gran
variedad símbolos e imágenes metafóricas, tal como los círculos
y espacios mágicos y sagrados, las zonas crepusculares, los estados
del Bardo, los templos de iniciación, los espacios mitológicos
y la geografía heroica, los "otros mundos" y "dimensiones", los
"umbrales" y "puertas", etc. A estos estados intermedios, estados
de "consciencia modificada", también pertenecen naturalmente los
estados imaginales, los estados de trance hipnótico y la dimensión
onírica.
En algún lugar,
como mencionamos al principio, el sueño sigue siendo hoy, ante
la clara mirada de la consciencia, un territorio enigmático y
extraño. Pero también constituye una vía de acceso a los niveles
más profundos del ser, una fuente inagotable de símbolos e imágenes
que le ofrecen al ego del soñante la posibilidad de saber quien
fue, quien es, y quien puede llegar a ser.
(1)
Término utilizado
en la lengua inglesa para hacer referencia al concepto psicológoco
del "Yo", equivalente al "Ich" del idioma alemán, originalmente
utilizado por S. Freud.
Bibliografía:
- C.G. Jung
- "El hombre y sus símbolos". Luis de Caralt Editor S.A. - C.G.
Jung - "Recuerdos, sueños, pensamientos". Seix Barral. - C.G.
Jung - "Psychologischer Kommentar zu: Das Tibetische Buch der
Grossen Befreiung" - Gesammelte Werke / C.G.Jung , Vol 11, Walter.
- C.G. Jung - "Psychologischer Kommentar zum Bardo Thodol ( Das
Tibetanische Totenbuch) " - Gesammelte Werke / C.G.Jung , Vol
11, Walter. - C.G. Jung - Collected Works of C.G. Jung. Princeton
University Press. - Ernest L. Rossi, Ph. D. - "Los sueños en la
creación de la personalidad". Rapport , Vol. I, N° 4. - Mircea
Eliade - "Mito y Realidad" -Editorial Labor S.A.
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