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El
tango, cualesquiera sea su manifestación, pero por sobre todo
desde la danza, remueve arquetipos fundantes, esenciales de la
estructura psíquica del ser humano. A través del prisma filosófico
y antropológico de la psicología de C. G. Jung podemos apreciar
cómo juegan estas estructuras basales sobre la constitución del
psiquismo. Los arquetipos (de arque-tipo: primer sello) denominados
anima (alma) y animus (espíritu) que contienen el psiquismo del
hombre y la mujer respectivamente sobre el inconsciente personal
como colectivo, son manifestados proyectivamente, en esencia,
sobre el juego de los cuerpos puestos de relieve en la danza.
Tanto a través de las letras como de la observación de la pareja
en el abrazo reconocemos estos arquetipos actuando y remitiendo
a la vida de los bailarines: el tango se devela a sí mismo como
una metáfora de la vida. El elemento cultural se filtra a través
de los mismos remontándolos sobre rieles arcaicos, manifestando,
a su vez, sedimentos psíquicos encastrados sobre generaciones
precedentes. Siempre encontramos en sus diversas expresiones motivos
del pasado: de pérdida, de dolor, de valentía, de amor y de esperanza.
Sobre esto asentamos su base para poder pensarlo como avío psíquico.
Desde ahí es en dónde comenzamos a sospechar sobre la potencia
de tal. El tango no media la razón sino que percibe y comanda
las imágenes primordiales de la humanidad, del sentimiento de
una especie que pierde constantemente su sensibilidad y que constantemente
va en la búsqueda de ella. Esta es la lucha del héroe, manifestada
en prácticamente todas las mitologías y simbologías de grupos
étnicos a lo largo de la historia mundial: es la contienda del
protagonista de la vida de encontrar su esencia interior, atravesar
los avatares más drásticos para finalmente reconciliase e integrar
su alma. Son motivos que no han dejado de prevalecer incluso sobre
los humanos modernos. Encontramos entonces, que el tango no solamente
es un revelador de lo sombrío (lo inconsciente relegado) sino
que, guiado correctamente, es un excelente facilitador y catalizador
de cambios. Por su profundidad, penetra motivos existenciales
hondos: es desde la fundamentación arquetípica, raigal, que podremos
develar y significar el motivo de tal apelación. Necesitamos vislumbrar
los aspectos existenciales profundos para conocer sus motivos
y designio. La arquetípica Junguiana: anima-animus, máscara,
sí-mismo, etc., como los aspectos mitológicos griegos, judeo-cristianos
y latinoamericanos nos facilitarán comprender el accionar del
tanguero. Es ahí desde donde nos reencontramos una y otra vez,
en lo común, mediante el pleno abrazo. Parecería ser que al tango
siempre se llega volviendo.
* Artículo
original publicado en Psicotango
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